Arrugas, por Marta Ribes.
Marta Ribes fue alumna de los Cursos Saber Contar y la Creatividad en la Escritura.
Narradora que imprimió carácter a sus textos con su singular conciencia sobre lo que supone ser lo mejor de uno mismo, las renuncias, los sacrificios y la recompensa propia y las gracias de los que necesitan esa parte de uno sin medidas.
Cada texto le revelaba como una escritora cada vez más asentada en su firme y contundente voz narrativa. Marta estaba preparada para escribir con calidad, imprimiendo emoción y desde un lenguaje sereno, sincero y lleno de verdad.
Nunca te olvidaremos.
Antonia Molinero.

Arrugas
Marta Ribes.
No es fácil reconocerte después de tantos años de historias entremezcladas, noches sin dormir, mañanas sin sol, días iluminados de momentos compartidos, cafés acompañados de opiniones y desacuerdos, nacimientos de nuevas ideas y malos consejos.
Tantos caminos se han cruzado y se han perdido ya, tantas manos se han conocido de caricias y golpes…cuesta reconocer los ojos rotos tras la primera vez que viste Pinocho en la tele y aquella música angustiosa que te rompió el alma y te nubló la vista con lágrimas.
Aquel verano lleno de tonos verdes y marrones, en el que una guitarra o un papel en blanco más que un motivo suponían un mundo de realidades paralelas, un túnel que, a modo de tobogán gigante te transportaba al centro de tu propio jardín donde el disfraz se convertía en desnudez.
Como se emborronan ya los colores, como se vuelven los deseos un trabajo imprescindible, como pasan los muros a ser paredes en blanco donde colgar cuadros en desorden, dispares, mezclados y sin firma, llenos de imágenes que sin ellos podrías olvidar, o al menos guardar en el bolsillo de atrás, como un papel mal doblado que se desvanece en amarillo.
¡Qué fácil es ver en esa sonrisa pegada a una cara que caminaste demasiado deprisa en caminos de colores opuestos!, convencida de conocer la importancia de las cosas cuando desconocías que las historias deciden por sí mismas su importancia, y cuando presentarse sin previo aviso a tomar el té, encontrándote siempre en pijama, zapatillas y aún sin duchar.
¡Qué simple resultaba mirar por la ventanilla del coche en marcha!, inventando historias que corrían por las líneas de la carretera y se reflejaban en el cristal como en una pantalla de cine y conseguían que el público se pusiera en pie sonrojándote, ¿quién te iba a decir entonces cuánto significaba tener el papel protagonista? ¿Quién te iba a explicar cuantas decisiones deberías tomar sin conocer siquiera el guión? ¿Cuántos árboles deberías plantar para conseguir uno que te diera sombra?
Viéndote ahí en cuclillas, tratando de protegerle a él de lo imposible, parecen haber pasado siglos desde que me senté a observarte tan de cerca, y no creas que te olvido, nada de eso, te pienso cada día, echo de menos tu curiosidad, tus ansias de abrir puertas, de recibir la lluvia sin gabardina, de atreverte a caer de bruces contra los cayados mientras el mar te barre con sal, me dejaste olores y cicatrices de otros mundos en la cajita de la mesilla de noche, me enseñaste a ser precavida y más astuta, a perder más el tiempo que marca el reloj , a tender la ropa limpia, a olvidar todos los collares en el joyero, a escupir más lejos, a caminar con pasos cortos en la misma dirección.
Arrastro las secuelas de esa risa para la que necesitabas todos los músculos de la cara que me ha llenado de arrugas sanas, te has llevado la salud contigo pero la disfrutaste, de eso no podrás quejarte, te la regalé toda para ti y supiste aprovecharla hasta estrangularla.
Nunca dejaré de agradecerte que me dejaras marchar sin pelear, que te llevaras contigo tu imaginación sin control, tus ansias de colorear lo blanco y negro y tu miedo a ser lo que verdaderamente eras, sin embargo, no debes preocuparte ya, como diría Joan Baptista Humet, todo eso….ya me lo cobré con creces.


