¿QUÉ ES EL CAMBIO?

Texto escrito por Carlos Sánchez Santos, alumno actual del Curso de Memorias 2015-16
¿Qué es el cambio?

Para saber si ha habido cambios sustanciales entre el hoy y el ayer, primero tenemos que definir que es el ayer, y a que nos referimos como cambios sustanciales.
Hace treinta mil años el hombre, tal como lo conocemos, ya habitaba la tierra. Ha pasado mucho tiempo, pero físicamente nos parecemos bastante, tenemos casi la misma estatura, dos ojos, dos orejas, una boca, y nuestras manos tienen cinco dedos cada una.
Hace seis mil años, en el neolítico, el hombre ya fabricaba herramientas y el tipo de alimentación de los cazadores-recolectores se asemejaba mucho a la de gran parte de la humanidad de hoy en día.
Por otra parte no puede negarse que ha habido grandes cambios y grande inventos que han hecho evolucionar a la humanidad. La rueda, no se sabe ni cuándo ni dónde, y la domesticación de los animales facilitaron mucho el trasporte de cargas pesadas, que hizo posible la construcción de pueblos y ciudades. La imprenta en siglo XVI, hizo posible la extensión del saber, y que millones y millones de personas puedan hoy leer y estudiar. La máquina de vapor, que dio origen a la revolución industrial, y al desarrollo de grandes barcos y más adelante a la aviación.
Los siglos XIX y XX están plagados de inventos en todos los campos del saber humano. La locomotora, el teléfono, la lámpara incandescente e incluso la aspirina y la Coca Cola se inventaron en el siglo XIX. El automóvil, el avión, la radio y la televisión, los ordenadores, los móviles, Internet, son algunos de los grandes inventos del siglo XX .
Sin embargo el hombre no ha cambiado tanto. El mundo sigue inmerso en guerras por doquier, y permanece el principio de que el mas fuerte puede, y de hecho lo hace, abusar a menudo del más débil. Solo se ve una mínima esperanza de cambio en la acción de las sociedades humanitarias, que cada día se dedican a ayudar a los más necesitados.
Hace poco leí la siguiente frase : «Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.»
Pensé que era una frase adecuada al mundo actual, y mi sorpresa fue mayúscula, cuando descubrí que había sido escrita por Marco Tulio Cicerón en el siglo primero antes de Cristo.
Definitivamente los cambios en profundidad son minúsculos, y el parlamento español actual se parece  mucho al Senado romano, donde primaba más el interés de las distintas facciones o partidos, que el bienestar de los ciudadanos o de la república.

LIBROS PARA ENAMORARSE DE LOS LIBROS

El 14 de febrero o, lo que es lo mismo, San Valentín y el día de los enamorados, está a la vuelta de la esquina y desde la Escuela Literaria queremos recomendarte unas lecturas que gustarán a los más románticos y que conquistarán a los que no lo son. Héroes y heroínas clásicos y contemporáneos que nos trasladarán a otras épocas y a otros lugares en los que encontrarán el amor. Y tú, ¿qué opinas? ¿Has leído alguno? ¿Qué nos recomiendas?

1. Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. La novela romántica por excelencia y es que, aunque siempre es un buen día para leer o releer la historia de Elizabeth Bennet y el Sr. Darcy, qué mejor que en el día más romántico del año.

2. Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Algunos dirán que esta novela no es romántica y quizás tengan razón. La línea que separa la pasión y el odio es muy fina y, sin embargo, el amor que se profesan Heathcliff y Catherine es único. Dos protagonistas caprichosos, altaneros y hoscos, pero que sin duda están hechos el uno para el otro.

3. Lo que dicen tus ojos de Florencia Bonelli. El amor entre Francesa de Gecco, una argentina de ascendencia italiana, y Kamal Al-Saud, príncipe de Arabia Saudí, se mezcla con una intriga política en una apasionante trama que te impedirá separarte de la novela hasta que llegues al final.

4. Flores en la tormenta de Laura Kinsale. Considerada un clásico de la novela romántico-histórica, Flores en la tormenta nos descubre el amor que surge entre Christian, el atractivo y libertino duque de Jervaulx que sufre una apoplejía, y Maddy Timms, una mujer cuáquera que tomará como misión personal cuidar de ese impredecible hombre.

5. Calle Dublín de Samantha Young. Primer volumen de una serie que tiene como escenario Edimburgo. En esta ocasión, Jocelyn Butler deberá aceptar su pasado si no desea perder al que puede ser el hombre de su vida, Braden Carmichael, un escocés dispuesto a todo para conquistar a la mujer que le ha robado el corazón.

6. Saga de Las reglas de los canallas de Sarah MacLean. Cuatro novelas situadas en la Inglaterra victoriana que narran las divertidas peripecias de Bourne, Cross, Temple y Chase, propietarios del club de juego más célebre de Londres, El Ángel Caído, y aristócratas caídos en desgracia que encontrarán el amor cuando menos lo esperan.

7. Forastera (Outlander) de Diana Gabaldon. La propia autora dice que Forastera (Outlander) no es sólo una historia de amor debido al gran peso que tiene el elemento histórico en la trama. Sin embargo, Claire y Jamie ya se han convertido en una de las parejas más célebres y queridas de la literatura y muchos son los que han caído rendidos ante sus aventuras, aquellas que empezaron cuando Claire atravesó el círculo de piedras en 1945 para encontrar al amor de su vida en 1743, en pleno preludio a la revolución escocesa.

8. Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy. Bathsheba Everdene no está interesada en el matrimonio, prefiere su independencia y su libertad. A pesar de eso, tres pretendientes se disputan su corazón: el hacendado Oak, el acaudalado Sr. Bolwood y el Sargento Troy.

9. Amy y Roger (5.000 km para enamorarse) de Morgan Matson. Acompaña a los protagonistas en un apasionante roadtrip por Estados Unidos que nos recuerda que lo importante no es llegar al final, sino disfrutar el camino.

10. La probabilidad estadística del amor a primera vista de Jennifer E. Smith. Una novela fresca, divertida, sencilla y realista sobre dos adolescentes que se conocen durante un vuelo rumbo a Londres. Tanto Oliver como Hadley emprenden un viaje por motivos muy diferentes, pero en el camino descubrirán que a lo mejor sí que existe el amor a primera vista.

Firmado: Fayna Torres, alumna de Periodismo de la ULL en prácticas en la Escuela Literaria.

SOCIEDAD, CIENCIA Y CONCIENCIA

Texto de Joaquín Tena, actual alumno del Curso Escritura de Memorias.

Sociedad, ciencia y conciencia

Ya quedan pocos españoles por el suelo patrio que se acuerden del Plan de Estabilización de Ullastres. Consistía en algo parecido a los recortes de hoy día. La historia da vueltas y acaecen las mismas cosas en tiempos distintos. Con un golpe de timón político todo cambia. Se hizo famoso el discurso del ministro porque para acercarse al pueblo se despojó de la jerga economicista y dijo aquello de que si no se podía comer merluza habría que comer chicharros. Lo de la merluza debió de ser un desliz del ministro, porque lo que se veía en las puertas de las tiendas de comestibles de la época eran unas cajas redondas de madera con arenques secos. En las ventas se vendían alpargatas y latas de mejillones y el pan se cocía en hornos de leña y lo vendía el panadero; la leche la traían las lecheras y de vez en cuando una mujer bajaba del campo con quesos de cabra, liebres o perdices. Los pantalones los confeccionaba la pantalonera, y a la camisa del hermano mayor le daban la vuelta al cuello y la heredaba el pequeño.
En primaria íbamos a la escuela con una enciclopedia que hoy echan de menos los comentaristas de la COPE, y en bachiller se heredaban los libros.
Los belenes no tenían lucecitas; si acaso, una bombilla detrás del palacio de Herodes, y cuando murió Kennedy lo vimos en blanco y negro…qué digo, y Franco, ¿se acuerdan ustedes? :españoles Franco ha muerto… todo gris, muy gris y muchos grises.
De repente todo empezó a moverse. Yo creo que el rock and roll tuvo la culpa de la primera ola de avances tecnológicos; bueno el rock and roll y la penicilina y el petróleo y el plástico y la televisión y el turismo. En España teníamos la conciencia de que fuera, es decir en Francia y alrededores, todo era mucho mejor que aquí dentro; aunque a la vez se decía que como en España no se vivía en ningún sitio. Es que este es el país del oxímoron por excelencia.
En la España marítima y playera la vida cambió a caballo de las caderas y los bikinis de las turistas: si había nórdicas en la playa había desarrollo, si no, a la era con las caballerías.
Un día cogí El País, cuando aun me creía lo que publicaban, y leí: Al Gore en una alocución ante los medios hizo saber que se iba a impulsar la red de redes para uso publico: “el contenido de la Biblia”, añadió, “podrá pasar íntegro a través del Atlántico en cuestión de minutos”.
Comenzamos a saltar desde los teléfonos móviles que parecían un maletín de auxiliar técnico sanitario hasta el diseño mínimal del iphone 6, las impresoras por wifi, los coches sin conductor, los robots, los cajeros, las cajeras, el arroba punto com o los implantes dentales y las muñecas hinchables.
Pero ningún invento comparable al euro, de metal o de papel, nos lleva de la ceca a la meca, y gracias a él más de media España no llega a fin de mes.
Este mundo se ha dado la vuelta a si mismo, y lo que hasta ahora se consideraba “las ciencias adelantan que es una barbaridad”, se ha convertido en un ERE múltiple que echa a la gente a la calle porque la robótica hace lo que hasta fechas recientes hacíamos con las manos y la cabeza. Hasta la Thermomix le ha dado un codazo a mi asistenta.
No me parece mal que la tecnología avance, no me parece mal pensar que dentro de dos décadas los robots nos hagan todo. No, no me parece mal el ocio ni el negocio. Pero como la robótica produce bienes; no pobreza, pienso que esa riqueza se reparta, se reparta el trabajo y sus beneficios.
¡Yes we can!

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